Fallece Jack Tramiel, el fundador de la empresa «Commodore» que aportó al mercado tecnológico de los años 80 una visión innovadora de la informática doméstica. Aprovecho este titular del día de hoy porque, tras el paso silencioso que se está produciendo de una generación a otra (me refiero de la de mis padres a la mía/nuestra), el modelo de alfabetización tecnológica que diferencia de forma natural a padres e hijos (la brecha digital generacional) parece mantener ciertas concomitancias con aquel tiempo pasado en algunos aspectos.
Recuerdo que mis padres tuvieron una preocupación interesante (aparte de la habitual dedicación y empuje que debía yo tener en los estudios básicos que me correspondían) cuando yo contaba con una edad pre-adolescente : mis padres nos inscribieron a mi hermano y a mí en un curso que por entonces estaba basado en un incipiente ordenador personal: el Commodore 64. Recuerdo que aquel curso lo impartía una empresa -que por entonces sería una de las pocas empresas que se especializaban en informática- que realizó un temario para los profesores del colegio; Mi hermano y yo fuimos unos de los pocos alumnos que asistimos al curso junto con los profesores. En aquel curso aprendimos unas breves pero interesantes nociones históricas sobre los comienzos de la informática y cómo poco a poco los ordenadores eran fabricados para ayudar al público en general (para las tareas comunes de tipo doméstico y también para asuntos de gestión empresarial) y sobre todo cómo la informática podía proporcionar al público juvenil una nueva posibilidad de ocio que por entonces era algo desconocido o inexistente.
El cambio de lo analógico a lo digital fue algo que transformó la sociedad entera; pero este paso de la mentalidad analógica hacia el revolucionario manejo de los datos mediante la combinación de ceros y unos, dio lugar también a la progresiva sustitución del hardware como una etapa obligada en esta nueva concepción de lo digital. El cerebro humano de los ochenta tuvo que digerir poco a poco el matrimonio que se estaba produciendo entre la electrónica y la computación digital. Nuestros padres debían comprender lo que suponía todo esto dentro de sus vidas y el paso gigante que convertiría al elemento electrónico pasivo en un elemento digital inteligente con capacidad de procesamiento. Poco a poco, la tecnología se introdujo en los hogares y en mi caso llenó el hueco de ocio correspondiente, pues mi hermano y yo pasábamos horas y horas cargando juegos en los 64 Kilobites de memoria base de nuestro Commodore 64.
Socialmente, nuestro modelo de disfrute tecnológico -en lo que al ocio juvenil se refiere- de los años ochenta y noventa es exactamente el mismo que tienen los jóvenes de estos comienzos de siglo: pasan horas y horas jugando con sus consolas, ordenadores personales y dispositivos móviles. Pero, además, nuestros adolescentes han añadido a esa nueva forma de ocio la posibilidad de conversar con sus amigos mediante los mensajes cortos de texto, el uso de chats de voz o vídeo, la compartición de fotografías y vídeos, y otras formas de comunicación entre iguales mediante sus teléfonos personales o sus consolas de videojuegos. Por supuesto, la reunión grupal en torno a estos dispositivos es algo habitual entre ellos; si bien es cierto que, pasada la edad de los quince o dieciséis años, los hábitos de juego de forma individual o en grupo pasan a convertirse y formalizarse como reuniones de carácter social y, sobre todo, sentimental (nótese en este punto una sonrisa cómplice).
Lo que diferencia a los jóvenes de entonces de los de ahora es que el aspecto social de esta nueva era digital no existía; conocíamos una vertiente particular del ocio digital mediante el desarrollo de software específico para estos fines, pero no contábamos con la posibilidad de comunicarnos con otros amigos o familiares simplemente porque la tecnología y la infraestructura que permitiera el tráfico de datos era inexistente.
En cualquier modo, mis padres nos permitían jugar un número determinado o indeterminado de horas sin que ellos intervinieran en el desarrollo de nuestros juegos. No les interesaba en absoluto... y creo que algo parecido pasa con muchos padres que no están al tanto de lo que hacen sus hijos frente a las pantallas de sus ordenadores o dispositivos personales porque no lo entienden o no les interesa, o porque lo primero lleva a lo segundo.
El peligro de la adicción a lo electrónico o a lo digital no es el tema que me ocupa en esta reflexión (quizá sea un buen asunto para tratar más adelante). El problema es que posiblemente lo que les pasaba a mis padres es que no estaban en absoluto interesados en lo que hacíamos frente a la pantalla porque no comprendían esa divertida e innovadora experiencia que nos podía tener horas y horas enganchados frente al ordenador. Quizá la ausencia de juegos excesivamente violentos o de contenido «preocupante» y el «aislamiento virtual/digital/social» que caracterizaba a aquella era digital (pues dicha conexión no existía tecnológicamente hablando), les permitía «dormir tranquilos» porque tan solo se trataba de asomarse por encima de nuestras cabezas y ver aquel conjunto de inocentes e inofensivos píxeles moviéndose torpemente por la pantalla. Pero en la actualidad, la conexión social de nuestros hijos y alumnos nos obliga a estar al día de todo lo que rodea al mundo juvenil, educativo y social.
Es muy probable que las próximas generaciones, las que serán los hijos de los nacidos a comienzos de siglo, estarán supervisadas por sus padres de una manera más directa y sobre todo más natural, pues todos compartirán esos elementos que los unen desde su nacimiento: la diversión digital mediante dispositivos electrónicos y consolas de juegos, y la dimensión social de nuestra identidad personal. Estos dos principales elementos deben ser la base de la educación de las próximas generaciones puesto que la pasión en el aprendizaje se deberá basar obligatoriamente en la capacidad de jugar y disfrutar, y en la pasión y el placer que nos produce la comunicación con los demás en el medio social.
Si un padre está preocupado por la dimensión educativa y social de sus hijos, y quiere ponerse a una altura similar a la que tienen ellos para comprenderlos en su desarrollo como personas en el nuevo siglo, deberá seguramente dedicar unas cuantas horas al Forza Motosport y sobre todo deberá entender y bucear inexcusablemente en todas y cada una de las plataformas que enumero a continuación que existen en Internet. Deberá comprender los procesos comunicativos sociales, sus tiempos, sus particulares maneras, su evolución en el tiempo, su dimensión empresarial y de negocio, etc.
¿Cuál es el perfil que debe tener todo padre del siglo XXI? Pues es evidente que si la sociedad se reúne cada vez más en torno a las redes sociales y a la comunicación interpersonal, y a la interacción con las máquinas, electrodomésticos y dispositivos electrónicos mediante pantallas táctiles activadas para interactuar inalámbricamente entre sí, los padres deben conectarse al mundo de las redes sociales y todas sus diversas formas: texto, fotografía, vídeos, dibujos, emoticonos, etc. mediante dispositivos móviles inteligentes. Todo padre debe formarse digitalmente a través de cursos específicos que le enseñen cómo funcionan todas las redes sociales sin excepción, e inscribirse obligatoriamente en ellas. Es decir, un padre y una madre debe obligatoriamente tener un perfil personal en (al menos) las siguientes redes sociales o plataformas digitales:
- Google. La cuenta de Google proporciona acceso -mediante un único usuario- a servicios de búsquedas avanzadas en la web, cuenta de correo electrónico, cuenta para compartir documentos online «Google Docs», gestión avanzada de eventos y calendario, gestión de mapas y rutas, cuenta de Youtube para visionar vídeos de diversa índole, creación de blogs personales mediante Blogger, etc.
- Wordpress. Quizá este servicio de publicación de blogs es bueno conocerlo por sus grandes posibilidades y como alternativa a Blogger.
- Hotmail/Messenger. Los padres deben comprender cómo funciona el servicio de mensajería de Microsoft (con su sincronización con Facebook), el correo electrónico y servicios de sincronización de documentos basados en Skydrive.
- iCloud. Este servicio de Apple es muy interesante conocerlo pues la mayoría de los alumnos trabajará en breve con dispositivos iOS de Apple: iPad. iCloud permite la sincronización automática de documentos, gestión de copias de seguridad de los dispositivos, localización de los dispositivos iOS, etc.
- iTunes, iTunes U, y iAuthor son servicios de Apple especialmente creados para el mundo educativo. Los padres deben conocer dónde se distribuyen los contenidos académicos que pueden crear tanto profesores como alumnos.
- Dropbox. Este tipo de servicios de almacenamiento en la nube está extendiéndose a pasos agigantados. Los alumnos comparten muchos archivos en este tipo de redes.
- Facebook. La red que más usuarios reúne en el mundo debe ser una de las webs más utilizadas por los padres.
- Tuenti. La creación de una cuenta de Tuenti es de obligado cumplimiento, pues la identidad de nuestros hijos en edades dentro de la adolescencia se plasma -en un elevadísimo porcentaje- en esta red social para jóvenes (incluso contraviniendo la política de uso de la web en cuanto a la edad mímina que se debe tener para obtener un perfil).
- Twitter. Los jóvenes comienzan a utilizar esta nueva red cada vez más como una extensión «social» de los tradicionales mensajes de texto SMS.
- WhatsApp. La sustitución de los servicios tradicionales de pago de mensajes SMS por este servicio gratuito de mensajería es ya un hecho. Próximamente habrá que conocer las nuevas ofertas de este tipo de servicio que están preparando las grandes operadoras de voz y datos mediante el desarrollo de software propio que ofrecerá nuevas posibilidades «gratuitas» que compitan con WhatsApp.
- Instagram. Este servicio/red social para compartir fotografías «con estilo» mediante el uso de teléfonos inteligentes y dispositivos móviles es ya uno de los referentes en internet. Acaba de ser adquirida por Facebook.
- Spotify. Atención a una de las aficiones más destacadas de los jóvenes: la música. Este tipo de redes permiten disfrutar de música sin tener que comprar expresamente las canciones. Muchos jóvenes están apuntados a este tipo de redes.
- Pinterest. Esta red social de reciente creación se sitúa ya entre las más usadas. Su particular estilo visual basado en la distribución mural de fotografías es muy llamativo.
- Foursquare. Este tipo de redes se basan en la competición por registrarse en lugares físicos geolocalizables. Al ser humano le encanta competir y este es el principal atractivo de esta red. Se basa en utilizar los servicios de geolocalización de los teléfonos o dispositivos móviles para añadir sitios en los que hemos estado de forma individual o con nuestros amigos. La red que se crea entre los usuarios está dotada de premios, puntos o badges (placas o insignias) que permiten una clasificación competitiva de los usuarios. No existen premios físicos o monetarios pero puede enganchar porque el sistema se basa en la adquisición de puntos mediante la presencia en lugares físicos geográficos.
No hay duda de se si un padre ha llegado hasta el final de mi artículo y si, además de leerlo, cree que debe introducirse en este nuevo mundo educativo y social -para estar al tanto del crecimiento de sus hijos- seguramente habrá dado un gran paso para ponerse al día de todo lo que rodea al mundo infantil y juvenil. Además se quitará muchos miedos, quebraderos de cabeza y seguramente disfrutará junto a sus hijos (que son también alumnos) de su realidad incontestable, ineludible, múltiple, multidisciplinar, divertida y, sobre todo, social.
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